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Hoy parece que es posible alcanzar la paz al margen (pero sin impedir) del desarrollo de una agenda política.

Esto significa también que el proceso electoral de las próximas autonómicas será más transcendente todavía.El debate preelectoral será de tipo constituyente, se conformará una agenda de reforma institucional, que se modulará en función de los diferentes apoyos que reciban los distintos partidos y fuerzas que se presenten«.

1. Aun cuando mantiene operacionales sus actividades de sostenimiento, el cese de las acciones armadas de ETA es un hecho. Matices aparte, este es el resultado común que arrojan las respectivas comprobaciones realizadas por las fuerzas de seguridad de los gobiernos español y francés, por la Ertzaintza y por la Comisión Internacional de Verificación. No me cabe duda de que esta concurrencia de diversas agencias (cada una con sus propios sistemas de seguimiento de la actividad del terrorismo) más que entorpecer la gestión de la verificación, perfecciona la calidad de ésta y favorece al bien común de la paz.

A pesar de la reiterada reseña a la unilateralidad del cese de ETA, ésta asoció su decisión de finalizar la violencia a la demanda formal efectuada por la llamada conferencia de Aiete. Los movimientos posteriores de las fuerzas políticas e instituciones comprometidas  con la conferencia invocan su coherencia con las conclusiones de la misma. Pero, hay dos cosas que conviene destacar. Primera, que los gobiernos (español y francés) emplazados no estuvieron en Donostia. El partido que hoy gobierna en Madrid, además, se distanció explícitamente de la declaración de Aiete. Segunda, que algunos participantes destacaron la importancia del acto formal, pero desvaloraron la declaración.  Otros, por el contrario, apreciaron una continuidad del manifiesto de Aiete con una secuencia en la que se incluirían la propuesta de Anoeta (noviembre de 2004) y el acuerdo de Gernika (septiembre de 2010).

Tratándose de lograr una evolución de la política del país que sea incluyente, se puede ver que persisten diferentes visiones sobre cómo afrontarla. En primer lugar, la de los ausentes de Aiete que, aunque puedan deducirse matices en la posición de los gobiernos estatales, coinciden en echar toda la carga de la responsabilidad sobre el MLNV. En segundo lugar, la derivada de la diferente decantación de los presentes en Aiete que hace que esta conferencia no pueda ser tomada como una referencia monolítica, cerrada e inmutable a la hora de abordar la paz.

2. Por concretar la diversidad  de interpretaciones que se plantea en torno a las conclusiones del evento de Donostia, parece que entre los socialistas vascos prevalecerá la cooperación con la visión del gobierno de Madrid, lo que ha sido confirmado hace pocos días por el nuevo secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba. Como antítesis, la posición del MLNV se ha planteado levantar un muro frente al sufrimiento y la negación, de las que tras el cese de ETA sólo los estados quedarían como responsables.   Ahí es donde este último movimiento ve juntos a Rajoy y a López, colocados a contrapié y a la defensiva  frente a la opinión mayoritaria de un pueblo vasco que creen mejor representado por la ‘unidad popular’ (sea Bildu o Amaiur), alianza que se sustenta en la izquierda abertzale.

Ante esta situación, el nacionalismo vasco puede verse enfrentado a un dilema de confrontación frentista. Por un lado, Basagoiti le ofrece un pacto de ‘tres contra uno’ que, incluyendo también al PSE, arrebate a las coaliciones batasunas el protagonismo en la gestión de la paz. Estas últimas le instan, por su lado, a que abandone sus ‘obsesiones electorales’ y vuelva a la ‘buena dirección de Aiete’ para priorizar el cumplimiento estricto de sus cinco determinaciones.

La lucha es la sustancia de la política. Es imposible sustraerse a ella. Hace pocos días, Gerry Adams ha dicho a Gara que negociación significa lucha, y que de la misma no se puede esperar el fin de una etapa tras la que todo el mundo se va a casa. La cuestión, sin embargo, reside en definir con qué finalidad se quiere gestionar este periodo de diálogo y lucha. Es decir, que la cuestión a esclarecer sería si se busca una salida táctica que agudice un proceso de frentismo o si lo que realmente se pretende es arrancar de raíz todo motivo que pueda dar pie a futuros antagonismos frontales. Si elegimos de acuerdo con el deseo de integración que todos (sincera o fingidamente) manifestamos en los discursos públicos, optaríamos por la segunda de las vías, por lo que es obvio que Irlanda del Norte no es un modelo atrayente. Lo que sí queda claro, en todo caso, es que esta línea a seguir exigiría un empuje positivo que lo mismo evite el cerco al PP que el apartamiento a la izquierda abertzale.

3. El  PNV quiere ser el agente positivo que ejecute el empuje necesario para superar la adversa polaridad que amenaza con perpetuarse. Le ayuda el ser el partido más apoyado por la sociedad vasca en las últimas elecciones generales, lo que le da un capital popular esencial para ejercer un liderazgo.

Por su experiencia los nacionalistas vascos mantienen una relación abierta con todas las fuerzas políticas. Su presencia en Aiete no respondió a una ambición de aprovecharse de la resonancia política del acontecimiento, pero matizan que las cinco conclusiones de la conferencia no pueden entenderse sin respetar su secuencia ordinal. O sea, que no se puede pedir la aplicación de un punto determinado si antes no están avanzados los anteriores. Estar en Aiete no encadena al PNV a un bloque intransigente y no le obsta para moverse y dialogar allá donde sea necesario al servicio de la paz y libertad de los vascos.

Esta libertad de movimientos que se ha reservado el PNV para sí les facilita estar en Aiete y buscar el mayor consenso político para el cierre total del terrorismo con el presidente Rajoy. Y es que hoy parece que es posible alcanzar la paz al margen (pero sin impedir) del desarrollo de una agenda política.

Y es que hoy parece que es posible alcanzar la paz al margen (pero sin impedir) del desarrollo de una agenda política.

4. Es esta libertad, añadida a su bagaje histórico y su sólido respaldo social, la que dota al partido de una capacidad de influencia indiscutible. El apoyo del nacionalismo vasco a una normalización política cuyas materias principales habrían de resolverse entre los propios vascos y sus representantes institucionales ha relegado a la infraestructura internacional creada en torno al grupo de Currin a un rango auxiliar, pese al papel ‘clave’ que le asignaba la estrategia del MLNV. Aunque esta visión tampoco le ha incapacitado para reunirse con el CIV y el GIC, el cambio de registro de este último ha quedado manifiesto en su aceptación de que el diálogo político sólo puede celebrarse con carácter resolutivo en el Parlamento.

Al estar ausente del Parlamento vasco la representación de la izquierda abertzale, en esta legislatura no cabría plantear un proceso de revisión institucional. Sin embargo, el adelanto de las elecciones para poder abordar un debate político de este calado está en manos del lehendakari. Es una herramienta transcendental que podría proporcionar a López una gran repercusión pública.

Esto significa también que el proceso electoral de las próximas autonómicas será más transcendente todavía. El debate preelectoral será de tipo constituyente, se conformará una agenda de reforma institucional, que se modulará en función de los diferentes apoyos que reciban los distintos partidos y fuerzas que se presenten. A la vista de estos apoyos, el lehendakari elegido podría continuar, revisar o abandonar la propuesta de Nuevo Estatuto paralizada en febrero de 2005. O podría iniciar otro camino.

Siendo tal la naturaleza de esta próxima legislatura, lo responsable es que los partidos centren desde ya sus esfuerzos en definir sus proyectos, en  testar los apoyos sociales y en preparar sus herramientas electorales.  Por el contrario, lo irresponsable sería cambiar lo que debería ser un debate público por un arreglo de camarilla (en mesa de partidos, evitando el contraste y la participación popular en un modelo que tendría al pueblo por mero destinatario), por mucho que al final se cubriera la papeleta por medio de una ratificación formal de un Parlamento minimizado.